Yo, como muchas, nací en un lugar alejado de las grandes ciudades. Tuve que partir de casa muy pequeña, sin intención, terminé en Lima, la capital del Perú. Desde entonces, cada que podía visitaba a mis padres. Hace 10 años que no pasaba en casa más de una semana y en dichos días mis prioridades estaban en los amigos y salidas. Claro, era más joven y supongo que así pasa.

Hace un año tome mi carro y maneje sin parar hasta donde ellos porque alguien me recordó que ellos aún estaban ahí, en mi hogar: Esperándome. Esta decisión de viajar a verles se convirtió en el mejor viaje de mi vida hasta el momento porque aprendí a viajar sola, llevándome a mi misma a casa, nada me podía pasar. Me cuidé tanto durante el viaje sola que entendí que todo parte de ahí, de mi amor propio.

Ahora, me toco tomar un bus para llegar nuevamente a casa. Allí, estaba ella: Mi madre. Esperándome con el almuerzo, tal como lo pedí. Cuando le llame de la quinta curva (lugar de donde se divisa toda la cuidad) ella me dijo que había hecho sopita de morón (yeeeeeiiii). Durante estos días nos levantamos juntas, ella siempre más temprano, fuimos al mercadito de Talavera, hicimos desayunos juntas y anduvimos por sus chacras, caminamos por los cerros y quebradas como cuando era niña, haciendo su día a día. Fueron días plenos juntas, hablamos, cantamos, caminamos, lloramos también. Me dio su bendición y esta vez me encomendó al Ángel San Rafael, para que me cuide en mis viajes.

Los sábados llega mi padre a casa y mi familia le espera con mucha alegría, nostalgia y algunas veces con tristeza por tenerle en la chacra. Cuando no estamos, sólo está ella, esperándole, con amor. Él disimula su alegría de vernos juntos y es que es poco expresivo. Es sábado y él vuelve a casa, prepararemos su comida favorita y haremos de mañana un día cualquiera de estar juntos, día particular que se convierte en especial para nuestras memorias. Un domingo como si fuera tan normal. Y luego, le toca volver a ver sus sembríos de papa toda la semana, otra vez a trabajar con responsabilidad, como él siempre dice.

Así son mis padres, mi ejemplo de seres humanos reales imperfectamente perfectos, que llegaron alto y también cayeron, pero siempre siempre siguieron andando. Quiero quedarme con estos momentos vividos en mi memoria, de ahí de mi decisión de volver siempre a casa. Porque está ella, con él, juntos. Ver ese ejemplo, me inspira.

Si algún mensaje puedo darte, vuelve a ver a los tuyos porque en vida es cuando y créeme que el lenguaje corporal es la mejor expresión imposible de plasmar cuando estamos junto a ellos. Es tu corazón que late y tu alma que se siente viva.
Gracias María, Gracias Pascual. De ustedes aprendí tanto humildad, trabajo y estrategias. También dejaron en mí mis ganas de volar y soñar alto y que, frente a las caídas, nos toca levantarnos siempre. Es por ustedes que nace MaryPaz.

Esta lindo viajar a conocer otros lugares, pero es lindo volver a casa o a aquellos lugares que fueron parte de nuestra memoria. Vuelve, siempre valdrá la pena.